Mientras me autocensuro y preparo la entrada correspondiente al mes de agosto, os dejo para que os entretengáis con mis conversaciones absurdas con la Lau.
Aún recuerdo cuando la llamé a finales de junio para informarle de mi retorno.
- No sé a que dedicarme, a mi vuelta.
- Tu tranquilo, yo te ayudo a buscar trabajo.
- Ya pero no tengo ni idea, de a qué campo dedicarme.
- A ver ¿qué te gusta? – me preguntó.
- Pues: las reliquias de santos, el Barroco, criticar, salir, follar. . .
- BUFF, pues vamos listos.
9 de Agosto. Playa de Xagó. 35ºC. Mientras Ribadesella quintuplicaba su población con lo peor de cada casa, Lau, Dani y quien suscribe jugábamos sendos cartones de bingo, en forma de bote vacío de crema factor 8, con premio de un fabuloso melanoma .
- ¡Mirad ahí!-gritó la Lau.
-¿Dónde? -preguntamos Dani y yo incorporándonos de nuestras respectivas toallas.
- En el cielo – nos indicó ante nuestra incertidumbre- Ahí va el Ryanair a Roma que debías haber cogido hoy, Antonio. (creo haber explicado ya porqué me llama así)
Lau comenzó a reír estruendosamente, mientras Dani, quien no sabía bien si debía hacerlo, dibujó en su rostro una sonrisa enigmática semejante a la de La Gioconda. La hubiera abofeteado en aquel momento, a pesar de saber que en eso de los puños, la Lau puede conmigo:
-¡Que hija de perra eres!, Diosss, ¡pero que cabrona! -Sabía que la broma tenía gracia y acabé riéndome. La verdad que es esto lo que espero de ella, su fuerza desdramatizadora.
Arenal de san Lorenzo, playa urbana por excelencia de Gijón, después de vernos envueltos una exhibición aérea del Ejército del aire. Disertábamos sobre nuestros compañeros de la EGB., un tema recurrente cuando estamos solos:
- A la que veo mucho, es a esta chica gordita que vive en mi calle, si joder esta que tenía tres hermanos e iba al C- explicaba a mi ausente interlocutora-
- ¡¡¡Vete a por un helado!!! -Gritó estremeciendo a todas las personas de corazón débil en cinco toallas a la redonda.
Cuando ya habíamos dado cuenta de nuestro respectivo helado, Lau me hizo una confesión:
- A veces tengo ganas de ir a visitar una iglesia…
- Y yo –reconocí- para rezar un poco, pero antes de salir de casa me hago una paja y quedo tan a gusto que al final, paso de ir.
Terminamos nuestra jornada playera dominguera tomando una caña con David, para que nos contara sus novedades, porque lo nuestro ya estaba demasiado trillado:
- Estas súper rojo. Te has quemado –me comunicó la Lau por decimonovena vez.
- Ya, me había quedado claro a la primera.
- Pero mucho, pareces hindú – las risas subieron más decibelios de los que estaba dispuesto a aguantar.
-Pues que sepas –arremetí porque estaba cansado de aquello- que cuando vivías en Florencia, nunca me atreví a decirte, que sí, que estabas gorda.
- Ya lo se –respondió ella con arte.- Pero era feliz.
- Pues…-comenzó David-
- Tu cállate que te han dejado por SMS.-sentencié.
Este sábado mi compañera por antonomasia y servidor, decidimos irnos de compras por Oviedo. En nuestro retorno, nos pusimos tontos, como de costumbre y comenzamos a reírnos de todo, hacíamos parada en La Corredoria cuando Laura exclamó:
- ¡Tócame los cojones!
- Error –corregí- esa rima sería válida en le siguiente estación, ahora estamos en La Corredoria.
- Pues. . . ¡vete a por una fesoria!
Después del consabido Lugones, llegamos a Lugo de Llanera (¡Te la meto entera!), y ya en Tabladiello, abandonamos el juego porque no rimábamos ni en asonante. En la estación de Gijón le pregunto a Lau:
-¿A qué hora llega Dani de Valladolid?
- A las ocho –me informó.
- ¿Lo vas a esperar?
- Si claro, ¿no te jode? Ni esto es el Muelle de san Blas, ni vivimos en una canción de Maná, vámonos al Kiosco.
Esa misma noche, en Cimavilla, a eso de las cinco de la mañana, con Lorena, Coto y Lucía, me pregunta mi siamesa:
-….y a ti..¿Quién te gustaba en la EGB.?
-Tú , Laura, ya lo sabes- contesté muerto de la risa.
-¡Lo sabía!