martes, enero 20, 2009

En retaguardia

Os regalo una poesía. Tras asistir a un Homenaje a Gloria Fuertes, he redescubierto a una mujer que no era sólamente "la poeta de los niños". Espero que os emocione tanto como a mí, aunque sería mucho mejor escuchar el poema de su boca, con esa voz tan caraterística suya.

Hago poco o no hago nada.
la gente se está matando
mientras yo escribo sentada.
Bien nutrida, mal amada.

Hago poco o no hago nada,
coso y curo mis balazos,
bien herida, mal amada.

Me duele lo de los otros
pero no puedo hacer nada
porque el dolor de mi cuerpo
me tiene paralizada.

Puede llamar a la puerta…
¡Si tuviera una llamada.
Si me dijese te quiero”…!

Compañero, camarada,
yo también sufro injusticia
por amor encarcelada.
No merezco ser líder,
lucho cómoda sentada.

Hago poco o no hago nada.

Cambio vendas,
me preocupo de MI herida,
Hay mucho plomo en mis alas,
No puedo volar al monte,
- ¡ Por si llama!-
Dejadme sola en la sala.
Dejadme cumplir condena,
-Bastante tengo desgracia,
La gente se está matando
Mientras yo escribo sentada-,
Bien herida, mal amada.
GLORIA FUERTES. En retaguardia

jueves, enero 08, 2009

S.P.Q.R

Esa proliferación de gaviotas en una ciudad sin mar le parecía un absurdo inexplicable. Pero tal vez fuera un signo de los tiempos: las gaviotas son parásitos y viven de la basura. Roma las había acogido. Roma acoge a todo el mundo. Y no perdona a nadie.
MELANIA MAZZUCCO. Un día perfecto.

Indirectamente, sus Majestades de Oriente han dejado caer en mi poder la novela de la escritora italiana. Digo “indirectamente” porque hace años que los Reyes Magos descuidaron la lectura de mis cartas, al igual que de este blog, simplemente miden cuán bueno he sido en escala pecuniaria, pudiendo luego emplear los bondadosos euros en aquello que me plazca. Sería correcto señalar que este libro de Anagrama es, en parte, reflejo de mis correctas acciones anuales.

Más allá de la significación del continente, gozo con los lugares comunes retratados en el contenido: testimonian que hace justo un año comencé a preocuparme por cosas tales como la calidad de vida en los diferentes barrios de Roma, la delirante burocracia italiana o mi deficiente conjugación de los verbos de la lengua de Dante. Transcurridos doce meses , Ottaviano no es una simple parada de metro de la línea A , del mismo modo que el monte Aventino es algo más que una de las siete colinas entre las que nació la actual capital de Italia.

Desgrano la trama saboreando cada italianismo lentamente, sin prisa, porque sé que el número de páginas es limitado, concretamente 440. No hay tope temporal, pero el fin llegará cuando mi ralentizada capacidad de comprensión lectora decida. La novela no tiene, de momento, segunda parte, continuación o spin-off. Ello me ha apesadumbrado y por primera vez en mucho tiempo, he llegado a la conclusión de que este año 2009 volveré a la Ciudad Eterna, al menos unas horas. ¿Para qué? Simplemente a hacer lo que más disfrutaba, sentarme a mirar la vida pasar en mi lugar preferido: el ala derecha de la columnata de Bernini que limita la Plaza de san Pedro del Vaticano. Dejar que suenen las horas en el reloj, mientras los turistas buscan su foto perfecta y las gaviotas sobrevuelan los tejados de los barrocos palacios de la Santa Sede.




Roma me volverá a hablar, lo sé, es más conozco el mensaje que recibiré, porque será una plantilla, como la felicitación navideña de El Corte Inglés. Dice así:

Estimado parásito número 51/17852-XE.
No debió irse de mis confines, ya que lo acogí con auténtica caridad cristiana.


Mientras usted se lamenta, le comunico que no será perdonado, aunque como tantos otros, desde mi alumbramiento, será olvidado, pues es bien sabido que Roma no paga traidores.

viernes, diciembre 19, 2008

"Lisboa es rara, Javier..."

En el día que hoy acaba, me han citado esta película en tres ocasiones. Es más, sentado en el sofá, Jose, mi compañero de piso murciano, me mostró en su ordenador este trozo que aquí adjunto, mientras yo le narraba como a los pocos meses de haber visto la película convencí a Maríu para huir unos días a la capital lusa . .

No es la primera vez que la cito, y si sigo con este diario, no será la última. "¿Has visto que egoistas nos volvemos cuando estamos solos?" En mi caso, arrimo tanto el ascua a mi sardina que no he compartido ninguna experiencia madrileña con vosotros, prometo enmendarme, será mi propósito navideño.




. . . y allá cada cual que se aplique la estrofa que más le convenga a su estado anímico

martes, septiembre 30, 2008

La reina madre



- Tráeme un helado, - solicitó mi madre a mi hermana.
- ¿Quieres un bombón almendrado o un doble chocolate?
- Pues. . . como los de chocolate os gustan a vosotros, dame uno de almendra.
- ¿Has oído, Juanma? –preguntó mi hermana en voz baja. Asentí con la cabeza aún sin saber muy bien a qué se refería- Por estos sacrificios, -continuó-creo no tener vocación de madre.

Nadie sabe bien por qué mi madre, para referirse cariñosamente a mi, desde que tengo uso de razón, usa el término “reina”. Creo que es apócope de rey + “algo”, o esa es la explicación aceptada oficialmente en la familia, solo sé que me ruborizaba cada vez que se le escapa llamarme así en público. Huelga decir que estuve años sin escuchar semejante apelativo, seguramente porque mi progenitora achacaba a polvos como estos, los posteriores lodos que enfangaron nuestra relación. A día de hoy, se le escapa, con cuentagotas, pero me lo vuelve a llamar y lejos de espantarme me hace sonreír y sacar pecho. Es más, el otro día se acercó a casa nuestra vecina con su nieto pequeño, mi madre le hizo mil monerías (al chiquillo me refiero) y para rematar le entregó al niño un helado, de los que no nos gustan ni a mi hermana ni a mi, y si me apuras ni a ella, porque aquel cono de fresa llevaba meses en el congelador…
- Toma reina, -le dijo- para merendar.
El crío y su abuela se hicieron los sordos mientras mi hermana y yo nos partíamos el pecho de risa.

Apenas habían abandonado mi casa, la vecina, su nieto y el helado sabor a fósil de fresa, cuando sonó el teléfono para informarnos de la muerte de la última tía de mi padre, la única hermana de mi abuelo. No dije nada, pero reconociendo la verdad, la daba por muerta tiempo atrás. Me ofrecí a acompañar a mi madre hasta Oviedo con el fin de darle el último adiós a la pobre señora, con quien habré coincidido dos o tres veces en mi vida, una de ellas durante el entierro de su marido. Sonaba injusto que fuera ella sola, por mi parte no tenía nada mejor que hacer aquella tarde y en el valle asturiano dónde es originaria mi familia llevamos en el ADN un gusto particular por asistir a funerales y "cabos de año".

Era una de las últimas tardes soleadas de verano y en la plaza la cual antecedía a la correspondiente iglesia de barrio, poco diferente de un silo de trigo o un garaje, no había sombra alguna. De todas formas decidí no entrar al templo, tomando una caña mientras mi familia levantaba el corazón y decía aquello de “ te acompaño en el sentimiento.” Esperé a mi madre y a mis tíos, y tras dos minutos de besamanos me dice mi progenitora por lo bajo y al oído:

- Venga, vamos.
- ¿Ya? –pregunté extrañado, pues en mi familia esto se suele alargar hasta el infinito. ¿No quedará un poco mal?
- Mira, -explicó entornando los ojos como ella suele hacer- a esta gente no la vamos a ver más en la vida, que les parezca lo que les de la gana.

Sonreí, dándole la razón, encontrando explicación a numerosas actitudes mías: los instintos son comportamientos aprendidos y para muestra un botón, aquí queda claro que soy digno hijo de mi madre. En futuras ocasiones narraré de dónde vienen otras facetas las cuales suscitaron una frase que aún retumba en mis oídos y me hace mearme de risa, y es que hace poco, un sábado me dijeron: “Me cago en tu filosofía de vida.”

Dimos, mi madre y yo, una vuelta por la capital del Principado, dónde ejercí de guía turístico, explicándole edificios como conventos, palacios y La Catedral. En la Capilla del Rey Casto le narré que si pides un deseo dándole tres vueltas a las llaves del san Pedro, situado a un lado del Panteón de los Reyes de Asturias, este se cumple…creo que aún tiene esgince de muñeca, mi madre digo, no san Pedro.

-Necesitas calzado, vamos a dar una vuelta por las tiendas del centro- propuso mi progenitora a la salida de la Sancta Ovetensis.
- No tengo muchas ganas de ir de compras.
- Anda reina, que te lo pago yo.

Como conclusión diré que la reina madre, no me compró calzado, porque no encontré los playeros que buscaba, pero ante tal arrebato decidí no perder el tiempo y obtuve unos pantalones y una camiseta, un buen botín para continuar mi amarillento ajuar real.

lunes, septiembre 15, 2008

"Dies irae"

Yo también quiero ser guay, un mediocre de mierda…yo quiero ser SUPERGUAY.
VANEXXA. Superguay.

El tema de esta entrada, iba a ser el sutil acoso y derribo al que fuimos sometidos Lau y yo en una famosa terraza de Cimavilla, barrio IN gijonés. Pero semejante mal trago ya lo he superado, digerido e incluso defecado. No suelo ser tan benevolente, pero me he dado cuenta que bastante tienen nuestros detractores con sus vidas: debe ser duro creerte supermoderno por drogarte compulsivamente, que tu viaje más largo sea el que haces en el autobús municipal nº 12 y auto considerarte un diseñador de la hostia por haber hecho un curso diseño gráfico en el INEM.
Solo diré dos cosas:
  • Hay que ser muy imprudente para ir a tocar las narices a una persona frustrada y amargada además de a su amiga la agresiva "poco femenina".
  • “El azul con el verde muerde”, normal estilística que me enseñó Adrián en Roma.

CONCLUSIÓN: Algún día iremos de entierro, y lo mejor será la posterior celebración a modo de borrachera.

Dies iræ, dies illa,
Solvet sæclum in favilla,
Teste David cum Sibylla !
Quantus tremor est futurus,
quando judex est venturus,
cuncta stricte discussurus !
(poema completo)

viernes, septiembre 12, 2008

Crónica del mes de Augusto

Dártelo es mi privilegio y como te lo doy, te lo podré quitar, un corazón no es para siempre a veces tienes q devolverlo.-la noche es mágica también,¿no?-y trágica, me pasaba las horas acariciando mi herida, se me iban los días....
IVAN FERREIRO & LA CHINA PATINO. Tristeza.

A lo largo de agosto dejó de importarme el ser un zombie. Me resigné a que día tras día, mi madre corrigiera las arrugas del edredón y las sábanas de mi cama, resultando mi única labor diaria a todas luces imperfecta. Mientras dejaba caer por mi esófago litros de café negro petróleo extra-azucarado, aprendí a enseñar mis dientes y poner cara de bobo cuando alguien me preguntaba por mi futuro. Las tardes, salpicadas de al menos dos meriendas, se daban la mano sin traer nada interesante a mi rincón, sólo de vez en cuando, una aventura: sexo vacuo tras el cual ni se pregunta ¿te ha gustado?, no tanto porque estés seguro de haber estado bien, sino porque ni siquiera tienes interés en saberlo. Las noches dejaron de ser largas, eran simplemente el momento de deshacer la cama, la cual como Penélope arreglaría, de forma evidentemente incorrecta, al día siguiente.

Pero llegaba el viernes tarde con la llamada de Lau y Dani y el fin de semana se convertía en el mar donde pescar las anécdotas que rumiar a lo largo de las tediosas jornadas futuras. Esos días hice cosas absurdas, risibles, de quinceañero que tengo claro volvería a repetir. El contaminado mar de la noche gijonesa estuvo lleno de merluzos y morenas con quien interactuar de todos los modos posibles: caricias, amenazas silla en mano, bailes rituales, “ ¡Para ya …o te escupo!”, baños al amanecer, lanzamiento de vasos…para llegar a casa demasiado tarde con o sin Kebab, meando en los árboles de la calle Corrida, y contando con que no ligase en mi calle o echase una siesta en una furgoneta, retrasándome aún más.

El domingo, en cualquier playa, hacíamos recopilación de anécdotas, llegando el lunes quien con su varita mágica hacía del binomio Lau-Dani gente de bien mientras a mi me ataba a la pata de la cama. Leí compulsivamente y gracias este hábito, o a veces excusándome en él, visitaba semanalmente La Librería (con mayúsculas) dónde además de asesorarme literariamente, me ofrecen siempre un oído y me invitan a un café.

Cumplí años como quien tira la basura o se corta las uñas de los pies, sin pena ni gloria, en silencio. No esperaba fuegos artificiales, pero tampoco pasar esa tarde mirando el techo de mi habitación haciendo la lista mental de todas las personas que o bien no habían querido manifestare o, siendo benevolente, se habían olvidado de hacerlo.

Me radicalicé, dedicándome a la lectura con mayor fervor, especialmente de mi autor favorito del momento: Haruki Murakami, quien no brilla precisamente por su optimismo. Me abstraje tanto que comencé a vivir un mes de “ensueño”: mi vida anterior a julio me parecía lejana, irreal, el fruto del sueño de una noche de canícula veraniega. La monotonía de las jornadas laborales ajenas, me llevaba a fundirme con los personajes soñados por Murakami, tanto que una madrugada di un paseo por el barrio de Aoyama, tomé un tren atestado de gente leyendo el periódico, hasta la estación de Shinagawa dónde me esperaba Yumiko para ir a tomar un té . Como Segismundo en La vida es sueño, no sabría discernir entre realidad y fantasía, tanto que ese paseo por un onírico Tokio fue tan real cómo cualquier "día" de agosto.

miércoles, septiembre 10, 2008

¿Me divierto más así?

REFLEXIONEMOS




"NO, lo contrario no porque soy joven"
Yo, ya no tanto.....

miércoles, septiembre 03, 2008

My Girl

Mientras me autocensuro y preparo la entrada correspondiente al mes de agosto, os dejo para que os entretengáis con mis conversaciones absurdas con la Lau.

Aún recuerdo cuando la llamé a finales de junio para informarle de mi retorno.
- No sé a que dedicarme, a mi vuelta.
- Tu tranquilo, yo te ayudo a buscar trabajo.
- Ya pero no tengo ni idea, de a qué campo dedicarme.
- A ver ¿qué te gusta? – me preguntó.
- Pues: las reliquias de santos, el Barroco, criticar, salir, follar. . .
- BUFF, pues vamos listos.

9 de Agosto. Playa de Xagó. 35ºC. Mientras Ribadesella quintuplicaba su población con lo peor de cada casa, Lau, Dani y quien suscribe jugábamos sendos cartones de bingo, en forma de bote vacío de crema factor 8, con premio de un fabuloso melanoma .
- ¡Mirad ahí!-gritó la Lau.
-¿Dónde? -preguntamos Dani y yo incorporándonos de nuestras respectivas toallas.
- En el cielo – nos indicó ante nuestra incertidumbre- Ahí va el Ryanair a Roma que debías haber cogido hoy, Antonio. (creo haber explicado ya porqué me llama así)

Lau comenzó a reír estruendosamente, mientras Dani, quien no sabía bien si debía hacerlo, dibujó en su rostro una sonrisa enigmática semejante a la de La Gioconda. La hubiera abofeteado en aquel momento, a pesar de saber que en eso de los puños, la Lau puede conmigo:
-¡Que hija de perra eres!, Diosss, ¡pero que cabrona! -Sabía que la broma tenía gracia y acabé riéndome. La verdad que es esto lo que espero de ella, su fuerza desdramatizadora.

Arenal de san Lorenzo, playa urbana por excelencia de Gijón, después de vernos envueltos una exhibición aérea del Ejército del aire. Disertábamos sobre nuestros compañeros de la EGB., un tema recurrente cuando estamos solos:
- A la que veo mucho, es a esta chica gordita que vive en mi calle, si joder esta que tenía tres hermanos e iba al C- explicaba a mi ausente interlocutora-
- ¡¡¡Vete a por un helado!!! -Gritó estremeciendo a todas las personas de corazón débil en cinco toallas a la redonda.
Cuando ya habíamos dado cuenta de nuestro respectivo helado, Lau me hizo una confesión:
- A veces tengo ganas de ir a visitar una iglesia…
- Y yo –reconocí- para rezar un poco, pero antes de salir de casa me hago una paja y quedo tan a gusto que al final, paso de ir.

Terminamos nuestra jornada playera dominguera tomando una caña con David, para que nos contara sus novedades, porque lo nuestro ya estaba demasiado trillado:
- Estas súper rojo. Te has quemado –me comunicó la Lau por decimonovena vez.
- Ya, me había quedado claro a la primera.
- Pero mucho, pareces hindú – las risas subieron más decibelios de los que estaba dispuesto a aguantar.
-Pues que sepas –arremetí porque estaba cansado de aquello- que cuando vivías en Florencia, nunca me atreví a decirte, que sí, que estabas gorda.
- Ya lo se –respondió ella con arte.- Pero era feliz.
- Pues…-comenzó David-
- Tu cállate que te han dejado por SMS.-sentencié.

Este sábado mi compañera por antonomasia y servidor, decidimos irnos de compras por Oviedo. En nuestro retorno, nos pusimos tontos, como de costumbre y comenzamos a reírnos de todo, hacíamos parada en La Corredoria cuando Laura exclamó:
- ¡Tócame los cojones!
- Error –corregí- esa rima sería válida en le siguiente estación, ahora estamos en La Corredoria.
- Pues. . . ¡vete a por una fesoria!
Después del consabido Lugones, llegamos a Lugo de Llanera (¡Te la meto entera!), y ya en Tabladiello, abandonamos el juego porque no rimábamos ni en asonante. En la estación de Gijón le pregunto a Lau:
-¿A qué hora llega Dani de Valladolid?
- A las ocho –me informó.
- ¿Lo vas a esperar?
- Si claro, ¿no te jode? Ni esto es el Muelle de san Blas, ni vivimos en una canción de Maná, vámonos al Kiosco.

Esa misma noche, en Cimavilla, a eso de las cinco de la mañana, con Lorena, Coto y Lucía, me pregunta mi siamesa:
-….y a ti..¿Quién te gustaba en la EGB.?
-Tú , Laura, ya lo sabes- contesté muerto de la risa.
-¡Lo sabía!

lunes, septiembre 01, 2008

Cantemos

Canta conmigo, hoy cumplo dos meses de “días felices.”

¡Qué día tan feliz!, para perderlo así,
para quedarse solo en casa sin dejar de dormir.
No levantarse para nada, no salir de la cama,
dejar que pase con placidez hasta mañana.

¡Que día tan feliz!, para echarlo a perder,
soñar con todo lo que quiera. ¡Que gusto, que placer!
Dejar que pase con placidez, es lo único que quiero,
no me apetece hacer nada más, nada más de provecho.

¡Un día feliz!, ¡un día feliz!, sin problemas al fin.
Todo lo demás ahora me da igual.

¡Qué día tan feliz!, no tener que salir,
quedarse en casa todo el día, tenerlo para mi.
No levantarse para comer, ya lo haré mañana,
es todo lo que tenía que hacer, ahora no importa nada.

¡Un día feliz! ¡Un día feliz! sin problemas al fin,
todo lo demás ahora me da igual. (x3)

LA PEQUEÑA SUIZA. Un día feliz.


miércoles, agosto 06, 2008

Peregrinando en casa

NO me gusta el juego sucio ni en la mesa ni en la cama,
ni me van los chicos malos, porque yo soy una dama
ANA ELENA PENA. Nunca me han besado.

Si según el rey Enrique IV de Borbón: París bien vale una misa, para mi, el valor correspondiente a Roma alcanzaría una novena entera. El problema radica en el santo o misterio al cual van dedicadas las nueve eucaristías consecutivas.

No era mi intención acudir a la Ciudad Eterna para ganar el Jubileo, que desde junio del 2008, al mismo mes de 2009, esta dedicado al apóstol san Pablo, ese ya lo había ganado. Desde mi abandono, cuasi triunfal, de la capital de Italia, y del Orbe católico, mi peregrinatorio retorno, fue alentado por diversas causas cambiantes. Primero el santo al que iba dedicada la novena parecía ser el dubitativo apóstol santo Tomás, quien dudando a pesar de meter el dedo donde menos debía, renunció a su protagonismo, cediendo este al también apóstol Judas, alias el besucón.

El atractivo de solicitar amparo al paradigma de la traición, no era del todo satisfactorio, pero tampoco debe serlo Benedicto XVI, para una juventud que piensa que bien vale aguantar charlas de este sujeto, con tal de visitar ciudades como Sydney. Los personajes denostados, como Judas, siempre me han inspirado simpatía y revisitar mis lugares favoritos de la Caput Mundi romana me incitaban a coger mi mochila y peregrinar.

Pero la Transfiguración, no cesó y me vi llamando a las puertas de una creencia nueva y herética la cual me entreabría una rendija a un falso Paraíso artificial ,que no era aquel perdido por Adán y Eva. Apostaté o me excomulgaron, aún no lo tengo claro.

De momento mi único viaje, será aquel que haga a través del Google Earth. Permaneceré aquí, a pesar de todas las ganas que tengo de huir, y lo haré con una sonrisa enorme además de fingida, con la cual y no menos falsedad, si debo, volveré a repetir el estribillo, de esta canción que no se me sale de la cabeza: Nunca, nunca me han besado, sado, sado, nadie me ha besado como tú....